La Pécora Nera

Cuando dije ¨me voy¨, fue la única frase segura. Todo lo que vino después, estuvo cargado de ¨no sés”. No sabía ni adonde, ni si podría vivir de mi trabajo, qué buscaba con el viaje, cuál era el sentido, ni cuanto tiempo duraría.

Sólo sé que después de años de añorar vivir en Italia , y después de haber transitado el Covid, que me ayudó a tocar fondo,  y de intentar tapar el sol con un dedo,  una fuerza juro, más fuerte que yo, me impulsó a tomar la decisión.

Todo lo que era cómodo, seguro, confortable, acogedor, claramente, quedó en Neuquén. Por lo menos, hasta volver a acomodarme. Ni los no sé cuantos pares de botas, zapatos, sacos, saquitos, tapados, perfumes,mis libros, cuadernos  y todo lo ¨contable¨, se redujo a dos valijas gigantes, que incluso ,los más desapegados insisten, podria haber sido sólo una.

En fin, 9 de Abril de 2022, y casi con un apuro como si el tiempo se fuera a terminar para mí, partí.

Por esas cosas que suceden – entendamos o no-, todo mi registro del primer mes de esta experiencia, se fue junto a la notebook que ¨plantó bandera¨, sin previo aviso.  (será que sigue siendo un desafío para mi el desapego. Mi computadora era uno de los elementos más estables que me acompañaron. Abrir mi compu y empezar a escribir era como abrir la puerta de mi oficina un rato. En fin, nada nuevo para nuestros tiempos, todo puede cambiar de un momento para otro. Y lo más maravilloso de esto para mí, es confirmar una y otra vez que finalmente, podemos seguir viviendo! Qué nada es tan imprescindible como en algún momento creímos. Lo que tanto creí (mos)¨necesitar¨, en este momento pasaba  a un plano tan poco significativo, o por lo menos, nada urgente.

Italia es bella. Es mágica. Es antigua y actual a la vez. Voy conociendo rincones soñados ,historias de todos los colores, personas que me abrazaron como si me conocieran de mil vidas, y experiencias indelebles.

No sabía a qué venía, aunque voy encontrando mucho más de lo que hubiera imaginado. No lo busco, me encuentra. Y excede el paisaje. Va llegando a mí una información que ¨ me hace match¨, como dicen mis queridas amigas paraguayas. Ese darme cuenta que es como si de repente me prendieran un gran foco que me ayuda a entender un poco más algunas dinámicas de mi familia ( y seguramente de todas).

Salí de mi casa sin saber muy bien para donde, ni por cuanto tiempo, ni para qué.  Sola?- la pregunta obligada.  Si, sola por ahora.

Esta experiencia facilitó que cabeza y corazón se abrieran a nuevas comprensiones. Mi formación como consteladora familiar en 15 días se volvió praxis.

Italia tiene una cultura muy fuerte en relación a ¨ la famiglia unita¨, el trabajo, y a la comida. Si te paras un ratito a escuchar las conversaciones, casi todo gira alrededor de estos temas.

Sabemos que el clan tiene creencias, valores, y una conciencia sutil de lo que está bien y lo que no está bien. Y que cualquier integrante que decida ser, hacer, sentir y pensar distinto a eso, pagará algún costo, generalmente, bastante caro.

En algunas familias, las exclusiones son más o menos explícitas, más o menos condenatorias. Ser leal al clan en pos de no sentir que quedamos afuera nos hace sentir por una parte,  ¨inocentes y buenos¨, tomando la terminología de Bert Hellinger (*), y por otra, en muchos casos, tremendamente infelices, encarcelados por la sensación de que no podemos hacer con nuestra vida lo que decidamos.

Sentirnos que quedamos afuera del clan ( que eso nunca sucede, ya que la pertenencia al clan, no se pierde), desde nuestra posición infantil, es casi desesperante.

Desde nuestro adulto, sabemos que honrar al clan, es poder hacer una vida que elijamos con responsabilidad de quienes querramos ser.Honrar a los que nos precedieron no implica hacerlo igual que ellos, sea como sea que vivieron.  Que no vinimos a esta vida a cumplir las expectativas de nadie (y viceversa), y que en todo caso, el clan, lo único que cuida, es que la vida se siga perpetuando.

Y esto de sentirnos inocentes o culpables, da para mucho más, que podemos seguir compartiendo.

Lo maravilloso fue entender desde donde la figura de la bendita Oveja Negra es tan sentida y reivindicarla, honrarla y sostenerla!!! (qué sería del mundo sin Ovejas Negras?)

Me vine a un país en donde lo familiar, el trabajo y la cocina son lo más importante. Y acá están mis orígenes, la mayor parte. De acá vienen mis bisabuelos, con el peso y fuerza de todas estas creencias. Todo eso, dio como resultado ¨vida¨. Y todo lo que en un clan en algún momento dio como resultado Vida, tiende a repetirse por muchas generaciones.

Salí de mi casa sin saber muy bien para donde, ni por cuanto tiempo, ni para qué.  Y yo oso viajar sola, trabajar menos de lo esperable, on line!, venir sin mi pareja, y tomar decisiones de (mi) vida, que de ninguna manera el ¨gran clan¨ aceptaría. Y como frutilla del postre, no distingo la espinaca de la acelga. Quemo huevos duros. Como sin problemas comida recalentada. “Sono veramente una pécora nera”.

Y no obstante eso, pagando los peajes correspondientes, estoy siendo una feliz Oveja Negra.

No sé todavía cuando vuelvo, y si vuelvo, adonde, y para qué.

 Voy andando, ya habrá tiempo de volver.

Seguimos?

Te abrazo. (y abrazo muy especialmente a mis queridas Ovejas Negras)

Importante!!!! No ir por lo que queremos por sentirnos inocentes en el clan, también tiene un costo, tal vez, mucho más alto!. Vale el trabajo de sacar bien la cuenta. 😊

Quando ho detto "me ne vado", è stata l'unica frase sicura. Tutto ciò che è venuto dopo è stato caricato con "Non lo so". Non sapevo dove, o se avrei potuto vivere del mio lavoro, cosa stavo cercando con il viaggio, quale fosse il significato o quanto tempo.
So solo che dopo anni di desiderio di vivere in Italia, e dopo aver attraversato il Covid, che mi ha aiutato a toccare il fondo, e cercare di coprire il sole con un dito, una forza, giuro, più forte di me, mi ha spinto a prendere la decisione.
Tutto ciò che era comodo, sicuro, confortevole, accogliente, chiaramente, è rimasto a Neuquén. Almeno finché non mi abituerò di nuovo. Nemmeno il non so quante paia di stivali, scarpe, giacche, cappotti, profumi, i miei libri, quaderni e tutto ciò che "contabile" si è ridotto a due valigie giganti, che anche il più distaccato insistono avrebbe potuto essere una sola.
Comunque, il 9 aprile 2022, e quasi di fretta come se il tempo stesse per scadere, me ne sono andato.
A causa di quelle cose che accadono -che lo capiamo o no-, tutti i miei record del primo mese di questa esperienza, sono andati via insieme al taccuino che "ha piantato la bandiera", senza preavviso. (Può darsi che il distacco continui a essere una sfida per me. Il mio computer è stato uno degli elementi più stabili che mi hanno accompagnato. Aprire il computer e iniziare a scrivere è stato come aprire la porta del mio ufficio per un po'. Insomma, niente nuovo per i nostri tempi, tutto può cambiare da un momento all'altro. E la cosa più meravigliosa di questo per me è confermare ancora e ancora che finalmente, possiamo continuare a vivere! Che nulla è così essenziale come credevamo una volta. Ciò in cui credevo tanto (mos )¨bisogno¨, in questo momento è passato a un piano così poco significativo, o almeno, niente di urgente.
L'Italia è bella. È magico. È vecchio e attuale allo stesso tempo. Sto conoscendo angoli da sogno, storie di tutti i colori, persone che mi hanno abbracciato come se mi conoscessero da mille vite, ed esperienze indelebili.
Non sapevo per cosa stavo venendo, anche se sto trovando molto di più di quanto avrei immaginato. Non lo cerco, mi trova. E supera il paesaggio. Mi stanno arrivando informazioni che “mi corrispondono”, come dicono i miei cari amici paraguaiani. Rendendomi conto che è come se all'improvviso si accendesse su di me una grande luce che mi aiuta a capire un po' di più alcune dinamiche della mia famiglia (e sicuramente tutte).
Ho lasciato la mia casa senza sapere davvero dove andare, per quanto tempo, o per cosa.
Da solo? - la domanda d'obbligo. Sì, da solo per ora.
Questa esperienza ha reso più facile per la mia testa e il mio cuore aprirsi a nuove comprensioni. La mia formazione come costellatore familiare in 15 giorni è diventata prassi.
L'Italia ha una cultura molto forte in relazione a ¨la famiglia unita¨, al lavoro e al cibo. Se ti fermi per un po' ad ascoltare le conversazioni, quasi tutto ruota attorno a questi problemi.
Sappiamo che il clan ha convinzioni, valori e una sottile consapevolezza di ciò che è giusto e sbagliato. E che qualsiasi membro che decide di essere, fare, sentire e pensare in modo diverso pagherà un costo, generalmente piuttosto costoso.
In alcune famiglie le esclusioni sono più o meno esplicite, più o meno condannanti. Essere fedeli al clan per non sentirsi esclusi ci fa sentire, da un lato, "innocenti e buoni", riprendendo la terminologia di Bert Hellinger (*), e dall'altro, in molti casi, tremendamente infelici, imprigionato dalla sensazione che non possiamo fare della nostra vita ciò che decidiamo.
Sentirsi esclusi dal clan (che questo non accada mai, poiché l'appartenenza al clan non è perduta), dalla nostra posizione infantile, è quasi disperato.
Fin da adulti sappiamo che onorare il clan è saper condurre una vita che scegliamo con responsabilità di ciò che vogliamo essere. Onorare chi ci ha preceduto non significa farlo come loro, comunque hanno vissuto. Che non siamo venuti in questa vita per soddisfare le aspettative di nessuno (e viceversa), e che in ogni caso il clan, l'unica cosa che importa, è che la vita continui a perpetuarsi.
E questa sensazione di essere innocenti o colpevoli ci dà molto di più, che possiamo continuare a condividere.
La cosa meravigliosa è stata capire da dove la figura della beata Pecora Nera è così sentita e reclamarla, onorarla e sostenerla!!! (cosa sarebbe il mondo senza Black Sheep?)
Sono venuta in un paese dove la famiglia, il lavoro e la cucina sono le cose più importanti. Ed ecco le mie origini, la maggior parte. I miei bisnonni vengono da qui, con il peso e la forza di tutte queste convinzioni. Tutto questo ha portato alla "vita". E tutto ciò che in un clan a un certo punto ha portato alla Vita, tende a ripetersi per molte generazioni.

Ho lasciato la mia casa senza sapere davvero dove andare, per quanto tempo, o per cosa. E oso viaggiare da solo, lavorare meno del previsto, online!, venire senza il mio partner e prendere decisioni sulla (mia) vita, che il "grande clan" non accetterebbe in alcun modo. E come ciliegina sulla torta, non distinguo tra spinaci e bietole. Brucio le uova sode. Mangio cibo riscaldato senza problemi. “Sono veramente una pécora nera”.
E nonostante ciò, pagando i pedaggi corrispondenti, sono una felice pecora nera.
Non so ancora quando tornerò, e se tornerò, dove e per cosa. Sto camminando, ci sarà tempo per tornare.
continuiamo?
Io ti abbraccio. (e in particolare abbraccio la mia cara pecora nera)
Importante!!!! Non andare per quello che vogliamo perché ci sentiamo innocenti nel clan, ha anche un costo, forse, molto più alto! Vale la pena lavorare per ottenere l'account giusto. 😊

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