La buena y la mala conciencia, culpable o inocente?

La buona e la cattiva coscienza, colpevoli o innocenti?

Quién no ha sentido alguna vez este sentimiento, incluso tan difícil de identificar en el cuerpo? el enojo lo sentimos en el estómago, en la cabeza, en las manos, en la mandíbula. La tristeza la sentimos en el pecho, en la garganta. Y así, cada emoción nos regala el poder registrarla en alguna parte del cuerpo. 

La culpa, no. La culpa te tiñe los pensamientos, confunde, sobre todo cuando en los hechos, tenemos la certeza de no haberle hecho mal a nadie. 

Es esa sensación de estar fallando, aunque no siempre resulta fácil darnos cuenta a quiénes, ni en qué sentido.

Y así vamos, entre “sentir culpa por hacer lo que queremos, con la sensación de fallarle al otro” y “no sentir culpa, buscando la aprobación de ese otro, fallándonos a nosotros.”

En mi formación como consteladora, fue muy significativo comprender como funcionan “las conciencias”, la conciencia familiar y la conciencia personal, y de qué manera estas dos consciencias operan en nuestras relaciones y decisiones. 

La conciencia personal es consciente, la podemos sentir.   Es esa que nos lleva a modificar nuestra conducta para poder seguir perteneciendo. La conciencia familiar es inconsciente, es arcaica, no la podemos percibir. 

La conciencia personal cuida las condiciones de vinculación y reacciona con sensaciones de malestar o bienestar.

La conciencia familiar tan sutil, vela porque todos los integrantes de un sistema sean vistos, tengan su lugar. 

Cuando entramos en alguna relación, hay algo que internamente procura cuidarla, no ponerla en riesgo. Es como si contáramos con un órganos que nos sirve para  mantener el equilibrio relacional. Cuando nos salimos de ese equilibrio, aparece el malestar hasta que de alguna manera volvemos a equilibrarnos. 

Ese equilibrio se regula por el malestar o placer. Cuando nos encontramos en equilibrio en cualquier tipo de relación, la sensación es placentera, agradable, y por el contrario, nos sentimos a disgusto, con malestar, indicándonos que hay algo que debemos modificar.

Esto es válido para todo tipo de relación.

Las relaciones se rigen por algunos órdenes, según la mirada sistémica, y cuando estamos en armonía con ellos, es probable que podamos permanecer en esa relación. 

Si por el contrario, estos órdenes no se respetan, por ejemplo el equilibrio entre el dar y el tomar, surgen sensaciones de malestar que nos impulsan a buscar el anhelado equilibrio. A ese fenómeno, a esa sensación,  se lo denomina “culpa”, la necesidad de encontrar aquello que nos devuelva el equilibrio interno. 

Ese órgano de equilibrio, es a lo que desde esta mirada, se llama consciencia.

Por lo general la culpa, por oposición a sentirnos inocentes, se experimenta en las relaciones. La culpa, se refiere a un otro.  Nos sentimos culpables si hacemos algo que perjudica la relación con otros, e inocentes si hacemos algo “bien visto” para la relación con otros. 

La llamada consciencia, nos mantiene unidos a nuestro grupo de pertenencia, y es por eso que tantas veces sentimos culpa cuando sentimos, hacemos o decimos algo que desde nuestro clan, no está bien visto. 

La podemos experimentar como miedo a ser excluidos del clan ( por lo que muchas veces preferimos renunciar a quienes deseamos ser por sentirnos cobijados o aceptados), otras veces sentimos la culpa como una obligación, y otras como si estuviéramos infringiendo alguna norma superior ( con su consecuente e inconsciente miedo a ser castigado)

Cada sistema al que pertenecemos, tiene su propia consciencia, y a la vez, somos parte de muchos sistemas, todos con distintas consciencias. 

Será por esto tal vez, que muchas veces no logramos estar con la “consciencia tranquila”, ya que no es simple estar “inocentes” en todos los sistemas en los que cocreamos. 

La consciencia vincula y une, y también excluye y pone límites. 

Dado que es tan sutil e inconsciente la conciencia familiar, no la podemos gestionar desde lo emocional sino desde el entendimiento. Saber que existe una conciencia más grande que la personal que nos impulsa a “hacer, sentir, vivir como el clan lo haría”, y es en ese sentido que decimos que “sin ser un poquito desleal al clan y sostener un poco de culpa, no es posible el crecimiento.”

Parece fácil, pero no es simple. 

Abrazo, Moni

Chi non ha mai provato questa sensazione, anche così difficile da identificare nel corpo? sentiamo rabbia nello stomaco, nella testa, nelle mani, nella mascella. Proviamo tristezza nel petto, nella gola. E così, ogni emozione ci dà il potere di registrarla in qualche parte del corpo.
Colpa, no. Il senso di colpa macchia i tuoi pensieri, confonde, soprattutto quando in realtà siamo certi di non aver fatto torto a nessuno.
È quella sensazione di fallire, anche se non è sempre facile rendersi conto di chi, o in che senso.
E così andiamo, tra "sentirsi in colpa per fare ciò che vogliamo, con la sensazione di deludere l'altro" e "non sentirsi in colpa, cercare l'approvazione di quell'altro, deludere noi stessi".
Nella mia formazione di costellatore è stato molto significativo capire come funzionano le "coscienze", la coscienza familiare e la coscienza personale, e come queste due coscienze operano nelle nostre relazioni e decisioni.
La coscienza personale è cosciente, possiamo sentirla. È ciò che ci porta a modificare il nostro comportamento per continuare ad appartenere. La coscienza familiare è inconscia, è arcaica, non possiamo percepirla.
La coscienza personale si prende cura delle condizioni di legame e reagisce con sentimenti di disagio o benessere.
La coscienza familiare così sottile assicura che tutti i membri di un sistema siano visti, abbiano il loro posto.
Quando entriamo in una relazione, c'è qualcosa internamente che cerca di prendersene cura, non di metterla a rischio. È come se avessimo un organo che ci aiuta a mantenere l'equilibrio relazionale. Quando usciamo da quell'equilibrio, appare il disagio finché in qualche modo non torniamo in equilibrio.
Quell'equilibrio è regolato dal disagio o dal piacere. Quando ci troviamo in equilibrio in qualsiasi tipo di relazione, la sensazione è piacevole, piacevole e, al contrario, ci sentiamo a disagio, indisposto, indicando che c'è qualcosa che dobbiamo modificare.
Questo vale per tutti i tipi di relazione.
Le relazioni sono governate da alcuni ordini, secondo la visione sistemica, e quando siamo in armonia con loro, è probabile che possiamo rimanere in quella relazione.

Se, al contrario, questi ordini non vengono rispettati, ad esempio l'equilibrio tra il dare e il prendere, sorgono sentimenti di disagio che ci spingono a cercare l'equilibrio desiderato. Questo fenomeno, questo sentimento, si chiama “colpa”, la necessità di trovare ciò che ristabilirà il nostro equilibrio interiore.Questo organo di equilibrio è ciò che, da questo punto di vista, viene chiamato coscienza.

Il senso di colpa, al contrario del sentirsi innocenti, viene solitamente sperimentato nelle relazioni. La colpa si riferisce a un altro. Ci sentiamo in colpa se facciamo qualcosa che danneggia il rapporto con gli altri, e innocenti se facciamo qualcosa di "ben visto" per il rapporto con gli altri.

La cosiddetta coscienza ci tiene uniti al nostro gruppo di appartenenza, ed è per questo che tante volte ci sentiamo in colpa quando sentiamo, facciamo o diciamo qualcosa che non è ben visto dal nostro clan.
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Possiamo viverla come paura di essere esclusi dal clan (motivo per cui spesso preferiamo rinunciare a chi vogliamo essere perché ci sentiamo protetti o accettati), altre volte sentiamo la colpa come un obbligo, e altre come se fossimo infrangere una norma superiore (con la sua conseguente e inconscia paura di essere puniti)
Ogni sistema a cui apparteniamo ha una sua coscienza e, allo stesso tempo, siamo parte di molti sistemi, tutti con coscienze diverse.

Forse per questo molte volte non si può essere con la "coscienza pulita", poiché non è facile essere "innocenti" in tutti i sistemi in cui co-creiamo.
La coscienza lega e unisce, e anche esclude e pone limiti.
Poiché la coscienza familiare è così sottile e inconscia, non possiamo gestirla dall'emotivo ma dalla comprensione. Sapendo che c'è una coscienza più grande del personale che ci spinge a "fare, sentire, vivere come farebbe il clan", ed è in questo senso che diciamo che "senza essere un po' sleali nei confronti del clan e provare un po' di colpa , la crescita non è possibile”.
Sembra facile, ma non è semplice.
Un abbraccio, Moni

Si quisieras leer un poquito más sobre este tema, aquí te comparto y me quedo disponible para conversar de este tema. 

Estos conceptos son parte del marco teórico que sostienen el método de las constelaciones, ya sea familiares como empresariales y laborales, y los he recogido de un material publicado por Bert Hellinger.

La conciencia familiar es inconsciente. y actúa como un órgano que pretende equilibrar a todos los miembros del sistema, preservando la red familiar.  Esta conciencia sanciona y compensa ( a través de síntomas) en los sucesores, toda injusticia sufrida por los antepasados, aunque aquellos no sepan nada y sean inocentes.

En la profundidad de cada familia existe una instancia que une a todos los miembros entre ellos. Esta fuerza actúa como una fuerza colectiva y es absolutamente inconsciente. En esta conciencia rige la ley “Nadie debe ser excluido”. En casos de exclusión, la conciencia familiar elige a otro miembro del sistema posteriormente, que represente al excluído. 

(Vieron la película “Coco”?  Ahí se ve muy claramente. y de allí esa frase que circula diciendo “ Lo que se excluye, se atrae.”

Esta conciencia familiar pretende el logro de tres metas:

1) dar el mismo derecho de pertenencia a cada miembro de la familia. Nadie puede negarle su lugar a un miembro (hijos abortados, hijos de parejas anteriores, parejas anteriores, sucesos no gratos,  personas que han afectado al sistema negativamente, todos son parte, ya que la conciencia no distingue entre bueno o malo. )

2) Darles el derecho a aquellos que no lo tuvieron en su tiempo. Esa conciencia busca a un posgénito inocente que imita a aquella persona a través de la identificación, aún sin elegirlo, sólo por el mecanismo sistémico de la compensación.

3) Darle prioridad a los anteriores. Existe una jerarquía encabezada por quienes llegaron primero. El que aparece primero en un sistema tiene prioridad respecto al que llega después. 

Se vuoi leggere un po' di più su questo argomento, qui lo condivido con te e rimango a disposizione per parlare di questo argomento.
Questi concetti fanno parte del quadro teorico che supporta il metodo delle costellazioni, siano esse famiglia, impresa e lavoro, e li ho raccolti da un materiale pubblicato da Bert Hellinger.
La coscienza familiare è inconscia. e agisce come un organo che cerca di equilibrare tutti i membri del sistema, preservando la rete familiare.  Questa coscienza sanziona e compensa (attraverso i sintomi) nei successori ogni ingiustizia subita dagli antenati, anche se non sanno nulla e sono innocenti.

Nel profondo di ogni famiglia c'è un'istanza che unisce tutti i membri gli uni con gli altri. Questa forza agisce come una forza collettiva ed è assolutamente inconscia. In questa coscienza governa la legge “Nessuno deve essere escluso”. Nei casi di esclusione, la coscienza di famiglia sceglie successivamente un altro membro del sistema, che rappresenta l'escluso.
(Hai visto il film "Coco"?  Lo puoi vedere molto chiaramente lì. E da lì quella frase che circola dicendo "Ciò che è escluso, è attratto.")
Questa consapevolezza familiare mira a raggiungere tre obiettivi: 1) dare lo stesso diritto di appartenenza a ciascun membro della famiglia. Nessuno può negare il proprio posto a un membro (figli abortiti, figli di precedenti coppie, precedenti coppie, eventi spiacevoli, persone che hanno influito negativamente sul sistema, tutti ne fanno parte, poiché la coscienza non distingue tra bene e male. 2) Dare loro il diritto a coloro che non ce l'hanno a loro tempo. Quella coscienza cerca un postgenitore innocente che imiti quella persona attraverso l'identificazione, anche senza sceglierla, solo attraverso il meccanismo sistemico della compensazione.

3) Dare priorità a quanto sopra. C'è una gerarchia guidata da coloro che sono arrivati ​​per primi. Quello che appare per primo in un sistema ha la priorità su quello che arriva dopo.

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