Sanando nuestras heridas

Guarire le nostre ferite

Cuáles son las situaciones que te suelen desestabilizar, sacar del eje, abrir la puerta a que salga lo peor de vos?

Desde diferentes disciplinas, y con más o menos palabras, se menciona a nuestras «heridas primarias», la del rechazo, la del abandono, la de la traición, la de la humillación, la de la injusticia.

 No siempre hace alusión a situaciones reales, sino a cómo es la percepción que tenemos de la vida al momento de nacer , recordando que,  mientras estamos en el úterno materno, vivenciamos la UNIDAD. Somos uno con nuestra madre, no hay división, no hay dolor, por lo que, el momento de nacimiento, es nuestra primera experiencia de dualidad.

Esta situación de corte afectivo,da lugar a las llamadas “ heridas primarias”.

Desde la mirada del eneagrama, herramienta que me encanta por su claridad y profundidad, se describen 3 heridas primarias: la de la soledad, la del rechazo y la del abandono.

Cada persona, identificada con rasgos de los 9 eneatipos resuena con alguna de estas heridas.

A veces, a partir de situaciones concretas de vida, otras, parte de su estructura y modo de mirar la vida ya desde el momento de nacimiento.

Estas “Escenas temidas y construidas en el imaginario” que, de no reconocerlas, pueden aparecer casi con el mismo dolor que sentimos allá y entonces en el momento del nacer, en situaciones de la vida adulta, generalmente con un otro que sin saberlo, «nos la toca.»

Por eso es que, cuando tenemos un poquito de consciencia de la existencia de esta herida, tenemos mayores posibilidades de no re-accionar ante un hecho externo, pasando «de la reacción a la acción más consciente».

Desde diferentes disciplinas, y con más o menos palabras, pueden reconocerse heridas primarias:

la del rechazo, la del abandono, la de la traición, la de la humillación, la de la injusticia.

Estas “Escenas temidas y construidas en el imaginario” que, de no reconocerlas, pueden aparecer casi con el mismo dolor que sentimos “allá y entonces en el momento del nacer”,  solo que actualizado en en situaciones de la vida adulta, generalmente con un otro que sin saberlo, nos la toca.

En el peor de los escenarios, cuando somos ignorantes de nuestra herida, nos cruzamos con un otro que, claro sin saberlo, propone alguna escena en la que queda la herida “a flor de piel”,  y como  una profesía autocumplida, confirmo que el mundo ( o ese pedacito del mundo) estaá ahí para recordarme lo que eso dolía.

En el mejor de los casos, de “tenerla vista”, de saber más o menos por donde va mi herida, se  encuentran  posibilidades de elegir en conciencia modos de actuar que no emerjan desde la herida, sino desde el adulto conciente de sí.

Algunas tipologías del eneagrama, (eneatipo 1, 3 y 8, tienen como herida en común el “haber sido agredidos”, con su correspondiente miedo a no ser queridos y un mecanismo de enfrentarse para protegerse.

Algunos, como es  el caso del “organizador”, enfrenta a partir de su exigencia, de poner orden, de controlar. Como lo aprendido es “portarse bien, ser responsable y hacer lo correcto”, ajustándose a las normas, decide reglamentar el mundo y todo lo que lo conforma.

El 8, el potente “líder de líderes”,  manda, lucha, exige, tiraniza y pierde empatía. Como su herida es haber sido profunda e injustamente herido,tiende a lastimar a los otros, antes que ser lastimado. Y el 3, el hacedor y exitoso del eneagrama, compite y demanda. Este personaje “carismático”, como recibió premios por sus logros y fue amado por ellos, decide reprimir sus emociones y alcanzar las metas para garantizarse la aceptación de los demás.

En los casos de las esencias 2, 6 y 7, la herida es “la falta de amor”, entonces, ante situaciones en donde la persona puede sentir amenazada su herida, el 2, puede dar compulsivamente ( con falta de amor propio). Este “benefactor”, como obtuvo amor y seguridad complaciendo y conquistando a los demás, niega sus propias necesidades y asiste a los que acudan a él. El 6 se acerca  “para cumplir”y se enoja porque sostiene. Como sufrió la falta de un apoyo sólido emocional, decide buscar amparo en lo externo, convirtiéndose en sumiso y rebelde frente a  la autoridad.Y el 7, protege su herida agrandando o diviertiendo a los demás. Como sufrió crecer y dejar la infancia, puede tener a comportarse como un niño y jugar en la vida.

Las esencias 9,5 y 4 (el pacificador, el estudioso y observador y el artista o carismático, depende cada autor) tienen en común “la herida del abandono”. Y el mecanismo que cada uno tiene de  defenderse del dolor es,  en el caso del eneatipo 4, pueden caer en el dolor, en el dramatismo, en la nostalgia y en el enredo afectivo, tendiendo a la autodestrucción. Como sufrió un sentimiento de carencia y pérdida, deja de amarse a sí mismo, buscando sostén y compasión en los demás. Las personas con rasgo 5, se aíslan en los pensamientos y también tendiendo a la autodestrucción. EL filósofo, como algunos autores llaman a este rasgo, como se sintió invadido, tiende a cuidar su privacidad y espacio, alejándose del mundo.

Y las personas con esencia 9, los mediadores, pacificadores, se aislan en la comodidad , expresando su defensa muchas veces desde la terquedad.  Llamado el pacificador, o el conformista, como sufrió ser ignorado, no sentirse escuchado o amado lo suficiente y antepuso las necesidades ajenas a las propias, tiende a dejarse a un lado y atender a los demás, olvidando sus propios deseos.

Decia Carl Jung que “cada  uno de nosotros proyecta una sombra tanto más oscura y compacta cuando menos presente se halle en nuestra vida conciente. Esta sombra constituye un impedimento inconciente que malogra nuestras mejores intenciones.”

Jung afirmaba que los seres humano estamos en la tierra para iluminar toda nuestra sombra, para hacer consciente todo lo inconsciente. Y en la sombras están nuestras heridas. Porqué? Porque dolieron, porque nuestra herida es una lente desde donde vemos todo. Por eso, es tan importante hacer consciencia de esas lentes.

Las heridas son incómodas, son heridas, y paradógicamente, ahí está el Gran Tesoro. Descubrirla es encontrar la clave del porqué a veces hay situaciones que nos desestabilizan tanto.

Entonces, te pregunto y me pregunto: Qué me/te  desestabiliza? En lo pequeño, en lo cotidiano. Qué me/te  perturba?

Siempre hay una herida que lleva la voz cantante, y cuando esa herida se va va sanando, pueden aparecer otras. Sanando, no desapareciendo, eh? Las heridas no desaparecen! Están ahí para recordarnos algo, y por eso, también son un Tesoro…

La del abandono, con sus máscaras, tiene  muchos giros, por ejemplo…

Entonces te invito a pensar: Cuáles fueron los patrones repetitivos en tu vida afectiva? Cuáles fueron los puntos en común desde lo que que te vinculaste? Te pones dependiente o demandante?

Te buscas personas que no están disponibles entonces te confirmas que todos son iguales, abandonan , mienten, traicionan?

Te rajas ante el miedo que el otro se raje? O más bien ante el miedo que el otro se raje, directamente te cerrás?

Y en otras áreas de tu vida? Compañeros de trabajo, estudio, amigos, como te relacionas? mejor en grupos o en el uno a uno?  Sentís que lo grupal resulta peligroso? O al contrario, es peligroso el uno a uno y en grupo sentís que podes evitar la intimidad?

Estamos hablando de la herida de rechazo. La herida de rechazo tiende a HUIR, Incluso por miedo a que el otro se acerque demasiado. Evaden, antes de atravesar esa situación.

En las heridas hay mucha sensación de vacío interno, que se llenan de muchas maneras externas: Comida, trabajo,  relaciones, drogas, actividades, consumo, etc.

Muchas veces, nos metemos en las metas , en los logros, en la búsqueda del éxito, y es también una forma de tapar las heridas.

Atenti, cuando estamos con heridas sin sanar, nos vamos de un extremo a otro, del “caos” al “hipercontrol”. Y claro, esto nos desequilibra. 

Propongo mirar, Mirar. Mirar qué es eso que  nos desestabiliza tanto.

Esta fase es la más importante, porque muchas veces, ni siquiera sabemos que tenemos heridas.

Entonces, primero, las detectamos, como un primer gran paso. Después viene la etapa de limpieza (viste como cuando nos caíamos de la bici y nos lastimábamos las rodillas?? Así…)

Desinfectar la herida. Sabemos que lo que pasó , ya pasó, pero todavía hay dolor, y un poco de mugre que la cubre. Entonces, en un acto de coraje, meternos ahí en eso que dolió, limpiar, lorrar y patalear para darle lugar a toda la emoción atascada. Así nos vamos limpiando. Ahí aparece nuestra niña o niño herido, siempre. Y podemos desde nuestro adulto, darle la bienvenida y alojarlo. “Todo salió bien”, y acá estamos, listos para sanar a nuestro niñito. Una tarea amorosa y para mi, tan necesaria.

Contener, limpiar, sanar, reparar, soltar lo que ya no tiene sentido seguir abrazando, acompañarnos con paciencia.

Lo hacemos, como podemos, mirando y siendo constantes con eso.  Esa es la clave del trabajo personal. Es un entrenamiento, es como ir al gym, es todos los días un poquito, a veces con más ganas que otras.

Cómo te relacionas mejor y más cómodamente?

La herida de rechazo, mucha huida…. Miedo a que me rechacen , a que me abandonen , a que no me quieran. Finalmente, es lo mismo.

Huyo, por las dudas, Cierro, por las dudas. No leo el mensaje, por las dudas.

La herida de rechazo, se ha formado, por ejemplo,  cuando somos abiertamente rechazados. Esos castigos silenciosos de mamá o de papá, el típico “no te quiero mas”, a veces hasta en chiste.  Te dejo de hablar, comer y no salir de la habitación, las no miradas. Esa invisibilización , marca la herida de rechazo.

Para qué sanar las heridas??? Para salir al mundo, para dejar de negarnos a relacionarnos, que es una necesidad humana muy básica. Para dejar de rajarnos y alguna vez, quedarnos. Para accionar en vez de reaccionar como cachorros heridos. Para sentirnos fuertes y no víctimas, para todo eso es necesario sanar. Para darnos y dar lo que nos hubiera gustado tener, y no seguir reclamando o esperando. Para eso es importante sanarnos.

En los golpes y castigos, castigos de cualquier tipo, hay herida de humillación,  además de abandono y rechazo. También en los abusos, claro.

Habernos sentido invisibles, marca esta herida.  Herida de rechazo. No queremos que nadie nos vea, pero contradictoriamente, necesitamos ser vistos. Entonces, nos vamos a encontrar huidizoc, tal vez “casualmente”, relacionándonos con personas emocionalmente no disponibles.

Por qué? Porque replico la dinámica para que esta herida, se vea, salga a la luz para que la mire.

 Todos tenemos heridas y  siempre están ahí. Y saberlo, es una Buena noticia, ya estamos más listos para que una situación no nos “toque la herida”. O sí, pero ya lo podemos gestionar mejor.

Para quienes tenemos el regalo de tener hijos, es un regalo hermoso que podemos hacer trabajar en nuestras heridas. Para que ellos estén más libres de eso que es nuestro.

Sanar nosotros para poder acompañarlos en su crecimiento un poquito más sanos y livianos. Recordando que no se sana desde el pasado, ni reclamando, ni victimizándonos. Tampoco entendiendo ni recordando, ni sabiendo. No. no hace falta entender y saber para sanar.

Hay que hacer un trabajo con la emoción de allá y entonces. Hay que asentir a todo lo que fue tal cual fue. Papá y mamá no cambian. Yo cambio de lentes para verlos.

Entonces, el proceso hoy, es incómodo, perturbador, doloroso, aunque también posibilitador por ser de autoconocimiento. De sanación y liberación. Con vos, conmigo, con nosotros, con ellos.

Te invito a hacer un viajecito, querés?

Te invito a cerrar los ojos, conectarte con tu respiración y apoyos, y trasladarte hasta alguna situación en donde sientas que allí quedó una herida.

Visualizáte, metéte un ratito en la piel de aquel entonces, y como si tuvieras la posibilidad de entrar a esa escena, hacelo y recordate que :

                                                          “a pesar de todo, acá estás, y todo salió bien”

                                                          “que con lo que nos dieron fue suficiente, y que ahora de lo que te-me-nos falta, ya podemos ocuparnos cada uno ”

                                                          “ que elegimos renunciar a juzgarlos y así los liberamos de nosotros, y nos liberamos de semejante trabajo”

Y, esencialmente, recordale a tu -mi niñita, niñito, que de ahora en más, tiene quien lo respete, proteja, reconozca, trate amorosamente, acepte, y se ocupe. Y sos vos, yo de la mía, de ahora en Adelante, prometele que vos te ocupas de todo lo que necesite.

Y de a poco, vas tomando consciencia de tu lugar de adulto hoy, reconociendo toda tu Fortaleza y esencialmente, que estás con todas las posibilidades de autosostenerte, cuidarte, mimarte, respetarte  y darte todo lo que necesitaste y necesitas.Y este, es un trabajo de todos los días.

Y desde acá honro tu historia, tus heridas, y también tu capacidad de sanarte y volver a surgir una y otra vez. Y también honro las mías.

Te abrazo,

Moni

Quali sono le situazioni che di solito ti destabilizzano, ti portano fuori dall'asse, ti aprono la porta per far uscire il peggio di te?
Da diverse discipline, e con più o meno parole, vengono citate le nostre "ferite primarie", quella del rifiuto, quella dell'abbandono, quella del tradimento, quella dell'umiliazione, quella dell'ingiustizia.
Non sempre si riferisce a situazioni reali, ma a come è la percezione che abbiamo della vita al momento della nascita, ricordando che, mentre siamo nel grembo materno, sperimentiamo l'UNITÀ. Siamo uno con nostra madre, non c'è divisione, non c'è dolore, quindi il momento della nascita è la nostra prima esperienza di dualità.

Questa situazione di taglio affettivo, dà origine alle cosiddette “ferite primarie”.
Dalla prospettiva dell'enneagramma, strumento che amo per la sua chiarezza e profondità, vengono descritte 3 ferite primarie: solitudine, rifiuto e abbandono.
Ogni persona, identificata con i tratti dei 9 enneatipi, risuona con una di queste ferite.
A volte, da specifiche situazioni di vita, altre, parte della sua struttura e del suo modo di vedere la vita dal momento della nascita.
Queste "scene temute e costruite nell'immaginario" che, se non riconosciute, possono apparire quasi con lo stesso dolore che proviamo lì e poi al momento della nascita, in situazioni di vita adulta, generalmente con un altro che senza saperlo, " Sta a noi."
Ecco perché, quando siamo un po' consapevoli dell'esistenza di questa ferita, abbiamo maggiori possibilità di non reagire a un evento esterno, passando “dalla reazione all'azione più consapevole”.
Dalle diverse discipline, e con più o meno parole, si possono riconoscere ferite primarie: quella del rifiuto, quella dell'abbandono, quella del tradimento, quella dell'umiliazione, quella dell'ingiustizia.
Queste "scene temute e costruite nell'immaginario" che, se non riconosciute, possono manifestarsi con quasi lo stesso dolore che proviamo "là e poi al momento della nascita", aggiornate solo in situazioni di vita adulta, generalmente con un altro che inconsapevolmente ci tocca.
Nel peggiore degli scenari, quando ignoriamo la nostra ferita, ci imbattiamo in qualcun altro che, ovviamente senza saperlo, propone una scena in cui la ferita rimane “in superficie”, eccome; una profezia che si autoavvera, confermo che il mondo (o quel piccolo pezzetto di mondo) è lì per ricordarmi quanto sia stato ferito.
Nel migliore dei casi, per “darci un'occhiata”, per sapere più o meno dove sta andando la mia ferita, ci sono possibilità di scegliere coscienziosamente modi di agire che non emergono dalla ferita, ma dall'adulto consapevole di sé .
Alcune tipologie di enneagramma (eneatipo 1, 3 e 8) hanno la ferita comune di "essere stati attaccati", con la corrispondente paura di non essere amati e un meccanismo di coping per proteggersi.

Alcuni, come nel caso dell'"organizzatore", si confrontano con la loro richiesta, di mettere ordine, di controllare. Poiché quello che ha imparato è "comportarsi bene, essere responsabili e fare la cosa giusta", adeguandosi alle regole, decide di regolare il mondo e tutto ciò che lo compone.
L'8°, il potente “leader dei capi”, comanda, combatte, esige, tiranneggia e perde empatia. Poiché la sua ferita è stata profondamente e ingiustamente ferita, decide di ferire gli altri piuttosto che essere ferito. E il 3, l'enneagramma creatore e successore, gareggia e fa causa. Questo personaggio "carismatico", poiché ha ricevuto premi per i suoi successi ed è stato da loro amato, decide di reprimere le sue emozioni e raggiungere obiettivi per garantire l'accettazione degli altri.
Nei casi delle essenze 2, 6 e 7, la ferita è "mancanza di amore", poi, nelle situazioni in cui la persona può sentire minacciata la propria ferita, la 2, può donare compulsivamente (con mancanza di amor proprio). Questo "benefattore", ottenendo amore e sicurezza compiacendo e conquistando gli altri, nega i propri bisogni e assiste coloro che si rivolgono a lui.
Il 6 si avvicina "per conformarsi" e si arrabbia perché sostiene gli altri. Soffrendo per la mancanza di un solido supporto emotivo, decide di cercare riparo all'esterno, diventando remissivo e ribelle all'autorità e il 7 protegge la sua ferita allargando o divertendo gli altri. Poiché ha sofferto crescendo e lasciando l'infanzia, potrebbe dover comportarsi come un bambino e giocare nella vita.
Le Essenze 9,5 e 4 (l'operatore di pace, lo studioso e l'osservatore e l'artista o carismatico, a seconda di ciascun autore) hanno in comune "la ferita dell'abbandono". E il meccanismo che ciascuno ha per difendersi dal dolore è, nel caso del tipo 4, che possono cadere nel dolore, nel dramma, nella nostalgia e nel coinvolgimento emotivo, tendente all'autodistruzione. Mentre provava un senso di mancanza e di perdita, smette di amarsi, cercando sostegno e compassione negli altri. Le persone con il tratto 5, si isolano nei pensieri e tendono anche all'autodistruzione. Il filosofo, come alcuni autori chiamano questa caratteristica, sentendosi invaso, tende a prendersi cura della sua intimità e del suo spazio, allontanandosi dal mondo.

E le persone con essenza 9, mediatori, operatori di pace, si isolano comodamente, esprimendo molte volte la loro difesa dalla caparbietà. Chiamato pacificatore, o conformista, poiché soffriva di essere ignorato, di non sentirsi abbastanza ascoltato o amato e di anteporre i bisogni degli altri ai propri, tende a mettersi da parte e a prendersi cura degli altri, dimenticando i propri desideri.

Carl Jung diceva che “ognuno di noi proietta un'ombra che è tanto più oscura e compatta quando è meno presente nella nostra vita cosciente. Questa ombra costituisce un impedimento inconscio che rovina le nostre migliori intenzioni.
Jung ha affermato che gli esseri umani sono sulla terra per illuminare tutta la nostra ombra, per rendere cosciente tutto ciò che è inconscio. E nell'ombra ci sono le nostre ferite. Come mai? Perché fanno male, perché la nostra ferita è una lente da cui vediamo tutto. Ecco perché è così importante essere consapevoli di queste lenti.
Le ferite sono scomode, sono ferite e, paradossalmente, c'è il Grande Tesoro. Scoprirlo è trovare la chiave del perché a volte ci sono situazioni che ci destabilizzano così tanto.
Allora, ti chiedo e mi chiedo: cosa mi/voi destabilizza? Nel piccolo, nel quotidiano. Cosa mi/ti disturba?
C'è sempre una ferita che prende il sopravvento, e quando quella ferita guarisce, ne possono comparire altre. Guarire, non scomparire, eh? Le ferite non vanno via! Sono lì per ricordarci qualcosa, e per questo sono anche un Tesoro...

Quella dell'abbandono, con le sue maschere, ha tanti colpi di scena, per esempio... Allora vi invito a pensare: quali sono stati gli schemi ripetitivi nella vostra vita affettiva? Quali erano i punti comuni da cui ti sei collegato? Diventi dipendente o esigente?

Cerchi persone che non sono disponibili, quindi confermi che sono tutte uguali, se ne vanno, mentono, tradiscono?
Ti crepi prima della paura che l'altro si spezzi? O meglio, di fronte alla paura che l'altro si arrende, ti chiudi direttamente?

E in altri ambiti della tua vita? Colleghi, studio, amici, come vi relazionate? Meglio in gruppo o uno contro uno?
Pensi che il gruppo sia pericoloso? O al contrario, è pericoloso uno contro uno e in gruppo senti di poter evitare l'intimità?
Stiamo parlando della ferita da rigetto. La ferita da rigetto tende a FUGGIRE, anche per paura che l'altra si avvicini troppo. Sfuggono, prima di affrontare quella situazione.
Nelle ferite c'è un grande senso di vuoto interiore, che si riempie in tanti modi esteriori: cibo, lavoro, relazioni, droghe, attività, consumi, ecc.
Molte volte entriamo negli obiettivi, nei risultati, nella ricerca del successo, ed è anche un modo per coprire le ferite.
Attenzione, quando siamo con ferite non rimarginate, si passa da un estremo all'altro, dal "caos" all'"ipercontrollo". E, naturalmente, questo ci sbilancia.
Propongo di guardare, guardare. Guarda cos'è che ci destabilizza così tanto.
Questa fase è la più importante, perché molte volte non sappiamo nemmeno di avere degli infortuni.
Quindi, in primo luogo, li rileviamo, come primo grande passo. Poi arriva la fase di pulizia (hai visto come siamo caduti dalla bici e ci siamo fatti male alle ginocchia? Così...)
Disinfetta la ferita. Sappiamo che quello che è successo è già successo, ma c'è ancora dolore, e un po' di sporco che lo ricopre. Quindi, con un atto di coraggio, entra in ciò che fa male, pulisci, piangi e scalcia per fare spazio a tutte le emozioni bloccate. Questo è il modo in cui ci puliamo. È lì che appare la nostra ragazza o ragazzo ferito, sempre. E possiamo da nostro adulto, accoglierlo e ospitarlo. “È andato tutto bene”, ed eccoci qui, pronti a curare il nostro bambino. Un compito amorevole e per me così necessario.
Contenere, pulire, sanare, riparare, rilasciare ciò che non ha più senso continuare ad abbracciare, accompagnarci con pazienza.
Lo facciamo, come possiamo, guardandolo e rimanendoci costanti.
Questa è la chiave del lavoro personale. È un allenamento, è come andare in palestra, è un po' tutti i giorni, a volte con più entusiasmo di altre.
Come ti relazioni meglio e più comodamente?

La ferita del rifiuto, tanto volo…. Paura che mi rifiuteranno, che mi abbandoneranno, che non mi ameranno. Alla fine è lo stesso, corro, per ogni evenienza, chiudo, per ogni evenienza. Non leggo il messaggio, per ogni evenienza.
La ferita del rifiuto si è formata, ad esempio, quando siamo apertamente rifiutati. Quelle punizioni silenziose di mamma o papà, il tipico "non ti amo più", a volte anche per scherzo. Smetto di parlarti, di mangiare e di non uscire dalla stanza, il niente sguardi. Questa invisibilità segna la ferita del rifiuto.
Perché curare le ferite??? Andare nel mondo, smettere di rifiutarsi di relazionarsi, che è un bisogno umano fondamentale. Per smettere di rompere e, a volte, restare. Agire invece di reagire come cuccioli feriti. Per sentirsi forti e non vittime, per tutto ciò che è necessario guarire. Dare noi stessi e dare ciò che avremmo voluto avere, e non continuare a pretendere o aspettare. Ecco perché è importante guarire noi stessi.
Nelle percosse e nelle punizioni, punizioni di qualsiasi genere, c'è una ferita di umiliazione, oltre che di abbandono e rifiuto. Anche nell'abuso, naturalmente: il fatto di essersi sentiti invisibili segna questa ferita.
ferita da rigetto. Non vogliamo che nessuno ci veda, ma contraddittoriamente, abbiamo bisogno di essere visti. Quindi, ci ritroveremo inafferrabili, forse "per coincidenza", in relazione a persone emotivamente non disponibili.
Come mai? Perché replico la dinamica in modo che questa ferita possa essere vista, venuta alla luce affinché lui possa guardarla.
Tutti abbiamo delle ferite e loro sono sempre lì. E sapendo che è una buona notizia, siamo già più pronti perché una situazione non “tocchi la ferita”. O sì, ma ora possiamo gestirlo meglio.
Per quelli di noi che hanno il dono di avere figli, è un bel dono che possiamo far lavorare sulle nostre ferite. In modo che siano più liberi da ciò che è nostro.

Guariscici per accompagnarli nella loro crescita un po' più sani e leggeri. Ricordando che non è guarito dal passato, né rivendicando, né vittimizzandoci. Né capire né ricordare né conoscere. No. Non è necessario capire e sapere per guarire.
Devi fare un lavoro con l'emozione di lì e poi. Devi acconsentire a tutto ciò che era com'era. Mamma e papà non cambiano. Cambio gli occhiali per vederli, quindi il processo di oggi è scomodo, inquietante, doloroso, ma anche abilitante perché implica la conoscenza di sé. Di guarigione e di liberazione. Con te, con me, con noi, con loro.
Ti invito a fare un viaggio, vuoi?
Ti invito a chiudere gli occhi, a connetterti con il respiro e il supporto e a passare a una situazione in cui senti che c'era una ferita.
Visualizza te stesso, mettiti per un po' nella pelle di quel tempo, e come se avessi la possibilità di entrare in quella scena, fallo e ricorda a te stesso che “nonostante tutto sei qui, e tutto è andato bene”, che cosa ci hanno dato è bastato, e che ora possiamo prenderci cura di ciò che ci manca, ciascuno di noi ”, che scegliamo di rinunciare a giudicarli e così liberarli da noi, e liberarci da tale lavoro”.
E, in sostanza, ricorda alla tua - mia bambina, ragazzino, che d'ora in poi ha qualcuno che lo rispetta, lo protegge, lo riconosce, lo tratta amorevolmente, lo accetta e si prende cura di lui. E sei tu, io sono mio, d'ora in poi, promettigli che ti occuperai di tutto ciò di cui ha bisogno.
E a poco a poco stai diventando consapevole del tuo posto da adulto oggi, riconoscendo tutti i tuoi punti di forza ed essenzialmente, che hai tutte le possibilità per sostenerti, prenderti cura di te stesso, coccolarti, rispettarti e darti tutto ciò di cui hai bisogno e bisogno E questo è un lavoro di tutti i giorni.
E da qui onoro la tua storia, le tue ferite, e anche la tua capacità di guarire te stesso e risorgere ancora e ancora. E onoro anche me stesso.
Ti abbraccio, Moni

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