El pasado es un refugio

 Yo no creo que las personas nos quedemos en el pasado por nostálgicas, enredadas o incapaces. Creo que de alguna manera nuestra historia- haya sido como haya sido- es lo que nos aparece como seguro. Y lo seguro da confianza, da refugio, muchas veces, aunque ya no nos sirva. Da confianza aunque funcione también como jaula a lo nuevo.

El pasado es un refugio, para sentir que sí tenemos algo seguro. Sobre todo cuando por algún motivo, no estamos pudiendo darle un buen sentido a nuestro presente, cuando no podemos o no nos animamos a ver para dónde queremos ir…

El pasado sostiene.  Sostiene desde los pensamientos, desde nuestros enredos, desde las emociones, por lo tanto, nos limita en nuestra toma de decisiones, en nuestro hacer ….

 Según la emoción que nos generamos con nuestros pensamientos, son las posibilidades de hacer que tenemos. Entonces, puede ser un  hacer que nos aliente a vivir una buena vida, con  alegría, con  plenitud, o un hacer en automático, más de supervivencia que de vida.

El refugio  puede ser quedarnos con viejos modos de relacionarnos, con historias que ya huelen a podrido de tan viejas que son, con ideas que ni sabemos de dónde las sacamos pero repetimos y le damos valor de verdad como si eso nos ayudara a ser más felices.. y ahí estamos… abrazados a todo eso,  seguramente “para algo bueno”.

Quedarnos refugiados en el pasado nos protege de hacernos cargo, de tomar decisiones, nos hace creer que tenemos derecho a victimizarnos, a culpar a otros, a poner en sucesos externos la responsabilidad de quiénes somos hoy, de hacer algo distinto, de elegir que hacer hoy con nuestra vida, de patear el tablero, de pegar el volantazo en otra dirección.

El pasado es un refugio de nuestro niñito esperando que alguien le resuelva. Es refugio del resentimiento, de la procrastinación, de la desconexión con el presente.

Lo bueno es que en el fondo, todos sabemos que sobre eso que pasó, poco podemos hacer. A lo sumo, y en el mejor de los casos, un profundo acto de aceptación. O tal vez, con eso que vivimos, contarnos una historia que nos sirva, rescatando qué aprendimos de todo aquello, qué recursos nos dimos cuenta que teníamos, gracias a haber vivido lo que vivimos. Y de ahí en más, ojalá lo antes que podamos, hacer la reverencia a la historia, tomar todo lo que nos sirvió para llegar a este momento, agradecer por habernos “refugiado” tanto, reconocer que finalmente “todo salió bien”- porque si estás acá, leyendo, pensando, sintiendo, respirando, es que todo salió bien- y decidir qué querés hacer con tu vida, cómo y con quiénes, sabiendo que no hay persona más responsable de los resultados que estás teniendo, que vos, que yo, que cada uno de nosotros.

El presente no refugia, es verdad. Es incierto. Y eso es estar en la vida, dando pasos cada día sabiendo que los refugios son mentales, que hay poquitas certezas, que para estar abiertos a lo nuevo, algo de la incertidumbre hay que abrazar. Y esto,  inevitablemente, lo podemos hacer si miramos desde hoy para adelante, si estamos dispuestos a meter las patitas en el barro, mojarnos un poco, despeinarnos con los vientos de cambio,  soportar algunos “desorientes”, dejarnos sorprender por lo que está disponible para nosotros y desde el refugio, no veíamos…

Y eso, tal vez se parezca más a una vida “presente”, sin otro refugio más que estar parados en nuestros  pies, con todos los recursos que tenemos- y tal vez aún no reconocimos, y con la fuerza de vida que siempre, siempre, nos lleva para adelante.

Abrazar con buenos ojos la incertidumbre, es una buena decisión. Ella seguramente no nos va a abandonar nunca. Así que, mejor incluirla e ir andando. Pa´lante, siempre pa´lante…

Te abrazo, y nos deseo un camino “presentes”, nuevo, que nos sorprenda, que decidamos disfrutar con cada estación que aparezca, que amemos fuerte, con total consciencia de cuan potentes somos.

Y como dice por ahí alguna canción: “hay tanto camino por andar…”

 “No creas nada, no importa donde lo leas o quien lo dijo. No importa si lo he dicho yo, a no ser que esté de acuerdo con tu propia razón y sentido común.” Siddarta Gautama, Buda.

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